Naturaleza

   He pensado varias veces en la Poesía, tratando de ir más allá del ejercicio y la abstracción. Por algo involucra las tripas, el afecto –que por destruido que esté y permanezca, jamás claudica-, a la razón y sus sombras. Más que iluminar, a veces, es como reventar focos en una avenida: su constelación y significado se conoce a partir de sus intermitencias y desapariciones. En estas trincheras también he ido transitando, maravillado tanto por ese silencio a veces terrible y siempre pretencioso que ofrece la forma, a veces con esa violencia con que confundo la claridad, con una brutalidad más inmadura que rebelada.

   Pero, pobreza y dignidad por delante, me atrevo con lo del entendimiento y se me antoja –como a todos, alguna vez en la vida- divagar sobre algunas consideraciones en torno a la Poesía y que he ido haciendo mías como si fueran lo mismo que descubrir el fuego:

   La Poesía no puede ser – de manera alguna- un género literario. Si fue la palabra original de la filosofía, si Hesíodo fue el primer sistematizador de la realidad en la Grecia Clásica (al menos, su más antiguo registro), ¿por qué se ha reducido a un aspecto casi cosmético de la realidad, un modo de abarcarla o hasta una contrarrealidad?¿No es, acaso, la escultura una materialización poética?¿No lo es una dramatización, con cada uno de los actores que construyen la maquinaria colectiva del Teatro y el ritual de recrear algo hasta reconvertirlo, pasando por ellos mismos y siendo –un poco- ellos mismos?

   A partir de estas preguntas, y otras perdidas entre el alcohol y la logorrea, se me ocurre pensar que La Poesía es un fundamento del Arte y no un género literario. No ahondo en el origen de la palabra porque eso sería entrar en una línea de la que nunca se sale o, peor todavía, se camina en paralelo sin nunca saberlo. Ilustres charlatanes han conquistado más que un par de almohadas y pizarrones en semejantes términos.

   Lo otro que me siguió llamando la atención, es eso que alguna vez se pensó y que todavía se enseña –con los más diversos motivos- en las salas de clases de todos los niveles: que la Poesía es una representación, afirmación agria y reduccionista desde cualquier perspectiva. El objetivo puede ser tan instrumental como mezquino: dictar sentencia respecto de la cualidad reveladora que posee y, por extensión, la lucidez del artista como vehículo de realidad. Mi duda se basa en una sencilla cuestión: si la lengua es un organismo vivo y la Poesía se dedica a las cuestiones de la existencia (a los más diversos niveles y con objetivos infinitos), ¿por qué no pensar, entonces, que la poesía Es otra forma de la realidad, acaso una arista de ésta? ¿Acaso, al definir la materia oscura y los fractales, no se sirven los científicos de la metáfora en el camino de volver concretas las elucubraciones y los pergaminos que la matemática ha descrito lo que en un verso palpita?

Agarrado de esta parte –la convicción de que la Poesía es una forma de la realidad o una de sus aristas-, pienso en el consenso de algunos filósofos y escuelas sobre la relación entre la Realidad y la Naturaleza, poniendo a la última como una forma tangible o al menos accesible a la Humanidad. La pregunta aquí estaría demás y, ante la inutilidad de lo que pueda decirse (o, casi seguro, se ha dicho), vale la pena resumir en algunos puntos breves esta perorata, que es –en el fondo- un mero pretexto para ellos:

  1. La Lengua es un organismo vivo.

  1. Tanto quienes hablan como aquello de lo que hablan forman parte de la Naturaleza sin importar su función o vínculo: tanto el gusano que limpia los huesos como quien los describe están formados bajo los mismos principios orgánicos (células) y físicos (átomos).

  1. Los procesos lingüísticos son procesos cerebrales que resultan de la sinapsis.

  1. La sinapsis es un proceso electroquímico.

  1. La Poesía es resultado de la sinapsis, presente de manera transversal en el quehacer de la Humanidad, desde la percepción más primaria (como el tacto o el olfato) hasta los niveles de abstracción más barrocos –en la palabra- o conceptuales –en ciencias y filosofía.-

  1. Si la Poesía es un proceso sináptico, y la sinapsis es un proceso cerebral electroquímico a su vez producido por sustancias que la permiten (por ejemplo, los neurotransmisores), ¿qué distancia concreta existe entre la Poesía y la Naturaleza?

  1. Ninguna: la Poesía, al estar fundada en procesos e interacciones de organismos vivos (cuyas ideas y abstracciones tienen un fundamento igual de tangible), es perfectamente Natural y, en suma, de carácter concreto.

  1. La poesía finalmente, y a partir de estos principios (que bien pueden ser burlados por ojos más agudos), es un fenómeno de la Naturaleza, antes que otro ejercicio de abstracción.

   Lo último que podría agregarse a estas ideas, garrapateadas en un rincón más bien ajeno, es que, al tratarse de un fenómeno de la Naturaleza, la Poesía siempre vincula las cosas con la existencia, ¿de qué?: del mismo universo que habita el poeta, acaso lo mismo que un farol en la calle o la piedra que lo revienta para que el amor o la muerte vivan a sus anchas.

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